Dia a dia

Estaba un poco lejos, pero me incluyo en el grupo de espectadores, de aquellos en primera fila.
Pleno capital, nos paramos en una esquina dónde había una zapateria que parecía haberse quedado en el tiempo. Un calor de muerte, y en la esquina de enfrente un puñado de gente paralizada, viendo como una chica esta luchando para que no le roben.
Van de a dos, uno se baja y chau teléfono, chau bolso, hola miedo, hola impotencia.
Todos susurran "pobre mina! Que hijos de puta!"
Pero nadie la ayuda, todos tememos por uno mismo, pero nadie por el otro.
Aquella imagen del extraño ayudándote se va borrando cada vez más rápido de nuestro sistema, y es cierto y somos conscientes, y no hacemos nada. Nos tememos entre nosotros. Somos todos delincuentes.
Desde los que mienten a los que delincan, cruzarse de brazos también debe ser un delito.



Vivimos con miedo constante, prejuzgando con y sin razón, estamos solos y damos vueltas. No quieren creerlo pero esto es una ruleta rusa, no sabes cuando, pero siempre te toca.

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